La reciente entrega en San Isidro revela una visión de defensa que integra movilidad, tecnología, producción nacional y bienestar del soldado.
Santo
Domingo.- En materia de defensa, la
modernización no puede medirse únicamente por la cantidad de equipos que llegan
a una base militar. Su verdadero valor está en la capacidad de anticipar
riesgos, proteger el territorio, responder con rapidez y ofrecer a cada soldado
mejores condiciones para cumplir su misión. Bajo esa perspectiva debe
interpretarse la reciente entrega encabezada por el presidente Luis Abinader en
la Base Aérea de San Isidro: no como una exhibición aislada de vehículos y tecnología,
sino como una señal clara de que la defensa nacional avanza hacia una etapa más
integrada, moderna y apoyada en talento dominicano.
La incorporación del blindado FURIA
VBD-2, 179 vehículos, cinco aeronaves no tripuladas de despegue y aterrizaje
vertical, una unidad móvil para sistemas no tripulados, diez unidades tácticas
Centauro y siete infraestructuras completamente remozadas configura un conjunto
de capacidades que se complementan entre sí. Vigilancia, movilidad, protección,
logística y bienestar del personal aparecen aquí como partes de una misma
política.
Esa es, quizás, la lectura más
importante. Las amenazas contemporáneas no se enfrentan con soluciones
aisladas. Una aeronave no tripulada puede detectar una situación, pero se
necesita movilidad para llegar al terreno, protección para operar con
seguridad, comunicaciones para coordinar la respuesta y personal entrenado para
convertir la información en una decisión oportuna. La defensa del siglo XXI
depende de la interoperabilidad y de la capacidad de unir cada recurso dentro
de un sistema común.
En ese proceso, el FURIA VBD-2 ocupa
un lugar simbólico y operativo. Desarrollado y ensamblado por la Industria
Militar Dominicana, cuenta con protección balística, torreta de 360 grados y
capacidades concebidas para escenarios de alta exigencia. La primera unidad
forma parte de un programa de dieciocho vehículos destinados a fortalecer las
brigadas desplegadas en la segunda línea de defensa de la frontera terrestre.
Su valor no reside solamente en el blindaje: también representa la posibilidad
de diseñar respuestas adaptadas a las necesidades reales del país.
Producir y ensamblar en territorio
nacional agrega una dimensión estratégica. Cada avance de la industria militar
reduce dependencias, desarrolla capacidades técnicas, genera conocimiento y
permite utilizar con mayor eficiencia los recursos públicos. El interés
internacional que han despertado modelos como el FURIA y la aeronave Dulus
sugiere, además, que la República Dominicana puede trascender la condición de
compradora de tecnología y convertirse gradualmente en creadora de soluciones
para la seguridad y la defensa.
Las diez unidades Centauro refuerzan
esa misma idea. Modificadas por la Industria Militar Dominicana sobre la
plataforma Chevrolet Silverado, tienen capacidad para transportar hasta doce
soldados y cuentan con una torreta blindada de giro completo. Su incorporación
al Batallón de Comandos del Ejército fortalece la movilidad, la protección y la
capacidad de reacción de las fuerzas especiales. No se trata de sofisticación
por sí misma, sino de ofrecer mejores medios a quienes deben actuar en los
escenarios de mayor riesgo.
Lo mismo ocurre con las cinco
aeronaves no tripuladas de despegue y aterrizaje vertical y con la unidad móvil
instalada sobre un vehículo todo terreno. Estas plataformas amplían la
vigilancia, el reconocimiento y el monitoreo, incluso en zonas remotas o de
difícil acceso, y pueden apoyar operaciones de seguridad y respuesta ante
emergencias. En un entorno donde la información temprana puede evitar una
crisis, observar mejor también significa proteger mejor.
La renovación de la movilidad militar
completa el panorama. Las 76 camionetas de patrullaje, 25 camiones, siete
minibuses, cuatro minivanes y 67 motocicletas elevan a 1,206 los vehículos
recibidos por las Fuerzas Armadas desde agosto de 2020. Es una cifra relevante,
pero su significado va más allá del inventario: una institución con capacidad
de desplazamiento puede sostener mejor sus operaciones, asistir a la población
ante una emergencia y mantener presencia donde el Estado la necesita.
Hay también un componente humano que
no debe pasar inadvertido. Los cuarteles y habitaciones, el dispensario médico,
las áreas de transportación y otros espacios de servicio remozados en San
Isidro recuerdan que ninguna modernización está completa si solo transforma las
máquinas y deja atrás a las personas. El soldado que descansa en condiciones
dignas, recibe atención adecuada y trabaja en una instalación funcional está en
mejores condiciones de servir. El bienestar no es un beneficio accesorio; es
parte de la preparación operacional.
La República Dominicana tampoco puede
ignorar la complejidad de su entorno. La persistente crisis del vecino Haití
convierte la frontera en un espacio que exige vigilancia permanente, presencia
responsable y capacidad de reacción. Prepararse no significa promover el conflicto;
significa reducir la posibilidad de que ocurra. Una frontera respaldada por
inteligencia, movilidad y unidades protegidas es, ante todo, una frontera con
mejores condiciones para preservar la paz.
El presidente Abinader recordó durante
el acto que sin seguridad no puede sostenerse plenamente la vida económica ni
social. La afirmación resume una responsabilidad básica del Estado: crear un
entorno donde la ciudadanía pueda trabajar, invertir, estudiar y desarrollarse
con confianza. En esa tarea, unas Fuerzas Armadas modernas no sustituyen las
políticas sociales ni el fortalecimiento institucional, pero sí ofrecen el
soporte de estabilidad que permite que ambas cosas prosperen.
El ministro de Defensa, teniente
general Carlos Antonio Fernández Onofre, definió estas incorporaciones como un
nuevo punto de partida. La expresión es acertada. Recibir equipos e inaugurar
instalaciones no agota la transformación; obliga a profundizarla. El desafío
que sigue será asegurar mantenimiento, entrenamiento continuo, doctrina
actualizada, transparencia en el uso de los recursos y una evaluación
permanente de los resultados. La inversión adquiere verdadero sentido cuando se
convierte en capacidad sostenible.
Lo ocurrido en San Isidro deja, por
tanto, una imagen que va más allá de los blindados, los drones y los vehículos
alineados durante una ceremonia. Habla de una política de defensa que comienza
a combinar tecnología, industria nacional, logística y dignidad para el
personal militar. La fortaleza de un país no está en exhibir equipos, sino en
convertir sus capacidades en protección, estabilidad y confianza. Ese es el
verdadero significado del FURIA VBD-2: no solo un nuevo blindado, sino la señal
de una República Dominicana que ha decidido prepararse, innovar y defenderse
cada vez más con talento propio.
El autor es Secretario General del
Sindicato Nacional de los Trabajadores de la Prensa SNTP filial Distrito
Nacional y Directivo de la Sociedad Dominicana de Medios Digitales Sodomedi.


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