Cuando existe una infección bacteriana, también es necesario completar el tratamiento con antibióticos, cuyos efectos suelen observarse entre las primeras 24 y 48 horas, aunque el tratamiento debe completarse según la indicación médica.
Santo
Domingo.- La mastitis es
una inflamación del tejido mamario que afecta principalmente a mujeres en
período de lactancia, aunque también puede presentarse fuera de esta etapa. Si
no recibe atención oportuna, puede evolucionar hacia complicaciones como un
absceso mamario e, incluso, en casos poco frecuentes, derivar en una infección
generalizada.
El doctor Francis Aquino, gineco-obstetra y
subespecialista en oncología ginecológica de Médico Express, explica que esta
condición suele originarse por la acumulación de leche en los conductos
mamarios cuando la mama no logra vaciarse por completo. Esta situación puede
producirse por tomas poco frecuentes, un agarre inadecuado del bebé o una
producción excesiva de leche.
"El estancamiento de la leche favorece la inflamación
del tejido mamario. Si además existen grietas o pequeñas lesiones en el pezón,
las bacterias, principalmente estafilococos, pueden ingresar y provocar una
infección que requiere tratamiento médico", señala el especialista.
Aunque la mayoría de los casos se presenta durante las
primeras semanas posteriores al parto, Aquino destaca que la mastitis también
puede desarrollarse en mujeres que no están amamantando. En estas pacientes
puede estar asociada a infecciones que ingresan por heridas o perforaciones en
el pezón, lesiones cutáneas o la obstrucción de los conductos mamarios debido a
cambios hormonales, secreciones espesas o ectasia ductal.
Asimismo, existen factores que incrementan el riesgo de
padecer esta enfermedad, entre ellos el tabaquismo, la diabetes, un sistema
inmunológico debilitado, traumatismos en las mamas y el uso de sujetadores o
prendas demasiado ajustadas.
Los síntomas suelen aparecer de forma repentina y, por lo
general, afectan una sola mama. Entre las manifestaciones más comunes se
encuentran dolor intenso, enrojecimiento, inflamación, aumento de la
temperatura local y la presencia de una zona endurecida o un bulto doloroso. A
esto pueden sumarse fiebre superior a los 38 grados Celsius, escalofríos,
cansancio extremo, dolor de cabeza, náuseas y un malestar general similar al de
un cuadro gripal.
El especialista advierte que la mastitis no debe
minimizarse. "Si no se trata oportunamente, la infección puede evolucionar
hacia un absceso mamario que requiera drenaje quirúrgico. En situaciones poco
frecuentes, las bacterias pueden diseminarse al torrente sanguíneo y provocar
una sepsis, una complicación potencialmente grave", explica.
Uno de los errores más frecuentes, añade Aquino, es
suspender la lactancia debido al dolor. Aunque las primeras succiones suelen
provocar un dolor intenso y punzante, continuar amamantando favorece el
vaciamiento de la mama y contribuye a una recuperación más rápida.
El tratamiento generalmente incluye mantener tomas
frecuentes, aplicar compresas tibias antes de amamantar, realizar masajes
suaves para facilitar el flujo de la leche, descansar, mantenerse bien
hidratada y utilizar analgésicos compatibles con la lactancia bajo indicación
médica. Cuando existe una infección bacteriana, también es necesario completar
el tratamiento con antibióticos, cuyos efectos suelen observarse entre las
primeras 24 y 48 horas, aunque el tratamiento debe completarse según la
indicación médica.
Además de las molestias físicas, la mastitis puede tener
un impacto importante en la salud emocional de la madre. El dolor, la fiebre y
el agotamiento pueden dificultar el descanso y el cuidado del recién nacido,
mientras que la preocupación por no poder mantener la lactancia genera
ansiedad, frustración y estrés.
"Es una condición que afecta la salud física,
emocional y familiar de la madre. Cuando obliga a suspender la lactancia antes
de lo previsto, también puede generar un importante impacto psicológico",
afirma Aquino.
Para reducir el riesgo de desarrollar mastitis, el
especialista recomienda asegurar un buen agarre y una correcta posición del
bebé desde el inicio de la lactancia, amamantar a libre demanda procurando
vaciar adecuadamente ambas mamas, alternar las posiciones durante las tomas,
tratar de inmediato cualquier grieta o lesión en los pezones, evitar prendas
que ejerzan presión sobre las mamas y mantener una adecuada hidratación,
alimentación balanceada y descanso suficiente.

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